Mis procesos nacen de una pregunta: ¿qué pasaría si pudiéramos cuidar nuestros vínculos sin dejar de reconocer la individualidad de quienes los conforman?
En los vínculos entre padres e hijos, el deseo de cuidar, proteger y acompañar puede llevarnos, sin darnos cuenta, a intentar moldear al otro desde nuestras propias expectativas, miedos y experiencias. Cuando reconocemos que cada persona tiene una manera única de percibir, sentir y relacionarse con el mundo, podemos empezar a construir vínculos desde un lugar diferente: con más amor, menos imposición y mayor respeto por la humanidad de cada uno.
Diseño Humano llegó a mi vida como una revelación, en un momento en el que las respuestas externas ya no lograban aliviar la amargura que sentía mientras empujaba mi vida para que llenara las expectativas de otros. Guiada por la curiosidad y la necesidad de respuestas, me sumergí en una investigación que marcó el inicio de un experimento transformador que aún continúa.
Con mi primera lectura descubrí la precisión de este sistema y la claridad con la que revela aquello que nos hace únicos. Su profundidad me permitió comprender que no puedo luchar contra la mecánica que subyace en el mundo y que, por mucho que mi mente intente controlar mi vida, no está diseñada para tomar decisiones por mí, de esta manera le fui entregando el control a mi cuerpo.
Hoy, esa mirada se convierte en una forma de acompañar. A través de Diseño Humano, exploro junto a padres e hijos aquello que ya existe en ellos como individuos, para comprender sus diferencias, reconocer sus necesidades y experimentar nuevas formas de relacionarse mientras transitan la experiencia de estar vivos, porque todo se trata de observar, experimentar y descubrir qué ocurre cuando dejamos de intentar corregir lo que por naturaleza ya somos.
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