Diseño Humano llegó a mí como una invitación irrechazable que me ha permitido potenciar mis habilidades para guiar a mis clientes, a quienes acompaño a escalar el crecimiento de sus negocios sin perder su conexión consigo mismos.
Ahora, con este conocimiento, puedo acompañarles no sólo a reconocer su distorsión mental y condicionamiento, sino a tomar decisiones que respeten sus ritmos internos, y su forma única e individual de vivir la vida y los negocios, algo que he notado que tiende a distorsionarse bastante en el campo del emprendimiento.
Tendemos a creer que primero debemos lograr un sin fin de cosas para que, eventualmente, nuestro negocio se adapte a nosotros (en quién sabe cuántos años, y después de cuánto tiempo invertido…) cuando en realidad la vida se trata de transitarla desde nuestra diferencia, y es allí, siendo auténticos, como más valor podremos aportar a otros con nuestros proyectos, y en nuestras relaciones.
A nivel personal, el Diseño Humano ha sido un viaje que no sólo sigue transformando mi relación conmigo misma y con mi negocio, sino también con mi pareja, mi familia y mis amigos.
Sería mentir si dijera que ya no caigo en estrategias del no-ser. Pero la consciencia de cómo me aproximo a mis experiencias, y el comprender mi proceso de ensayo y error, me han llevado a volver a disfrutarme la vida, y a entender que esperar el reconocimiento y darme los tiempos que necesito para transitar mi emoción sin apresurarme, siempre trae en mí una sensación de éxito que no existía cuando vivía presionándome mentalmente en dinámicas llenas de afán y ansiedad, que nada tienen que ver con mi verdad individual.